jueves, 15 de octubre de 2015

Estación Estudio I

Desde el día en que nace hasta el día de su muerte, el ser humano pasa cada momento de su vida aprendiendo de una forma u otra, con cada decisión que tomemos y con cada situación en la que nos veamos gracias a dichas decisiones.


Pero, si hablo de algo permanente ¿Cómo puede ser una estación? Bueno, esta estación se trata específicamente del aprendizaje estructurado que nos proporcionan en la escuela, porque todo ese conocimiento que viene de la vida y la experiencia se queda incompleta cuando en una conversación queda al descubierto que no puedes señalar un país en el mapa.

Esa etapa en que una buena parte de nuestro día se resume en levantarnos para ir a estudiar, sentarse por horas a escuchar a un profesor de voz monótona (a menos que te tocara la suerte de tener uno de esos raros ejemplares que volvían dinámica la lección), descanso para comer… de vuelta a estudar, enjuague y repita hasta que sea hora de ir a casa para... por supuesto! Usar otra buena parte del día en hacer las tareas.



Aunque de pequeños muchos detestamos la escuela con toda el alma, ahora que la veo desde afuera parece que se trata más de una relación amor/odio. Esa época duró para mí unos 15 años, supongo que eso dependerá del sistema educativo de cada país pero una cosa es segura: Cada año será más difícil que el anterior.
Y allí está un poco de la parte de “amor”, porque cada año habrá un momento en que digamos “Oh curso anterior cuánto te extraño! ¿Por qué no te aprecié?” Cuando en matemáticas ves ecuaciones con más letras que números y piensas en lo difícil que te parecía sumar 2+2 en el Kinder.


El amor también está en esos momentos libres entre clases, cuando nos agrupamos con los amigos respectivos para hablar de tantas tonterías que parecían tan importantes a esa edad; o en las bromas que aún recuerdo, como si hubiera sido ayer cuando “Chepe” comenzó a usar una mesa a modo de batería derivando en que el salón entero se convirtiera en un grupo de percusionistas mientras Pablo le cambiaba la letra a We Will Rock You con impresionante facilidad.


Al final no importa cuánto me molestaran las lecciones, las tareas y los regaños, lo que me queda son recuerdos que me hacen reír como el mismo día en que ocurrieron y despiertan mi nostalgia cuando veo a esos compañeros aparecer en mis redes sociales, tan adultos en sus fotos de perfil aunque yo siga viendo esas caras que me acompañaron en una estación tan importante de este viaje.


Me he ido un poco por las ramas, pero no quisiera aburrirlos con un testamento que no terminarán de leer así que… continuará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario